¿Tu gato también quiere estar todo el tiempo contigo?

Cuando apenas tenía unas 5 semanas caí muy enfermo con mocos y una infección ocular; casi me muero; unos gamberros me habían separado de mi mamá y de mis hermanos hasta que unos niños me encontraron en un jardín y me llevaron a la policía Local que me trasladó a un hospital veterinario cercano para que me atendiesen. Allí pasé tres días pero no mejoraba demasiado; me sentía muy triste y no quería vivir. Al cuarto día todo cambió; mi actual papi humano vino a poner las vacunas de refuerzo de uno de mis “hermanos” y una de las veterinarias le comentó mi situación y entonces papi insistió en verme. No sé si fue su mirada, su olor o el cariño que irradiaba que me levanté como pude, fui hacia la puertita del cubículo donde estaba y saqué mis patitas delanteras y solté un débil maullido casi inaudible. En el hospital me llamaban “Tambor” y la veterinaria así se lo dijo a Papi.

Papi me miró, abrió la puerta y me abrazó. “Hola Tambor” dijo. Su tacto y calor me hizo sentir en la gloria; me dio un poco de comida (me negaba a comer desde el día anterior) y siguió abrazándome largo rato. “A partir de ahora te llamarás Filemón, el gatito molón” añadió. Seguía tan a gusto que me dormí en sus brazos…

Cuando desperté no estaba ya en el veterinario sino en la que sería mi casa; papi estaba conmigo dándome mimos y cuidándome y mi hermano mayor Ro me miraba con curiosidad mientras me acariciaba son su patita.

En las semanas siguientes me daba de comer cada dos horas y me administraba los medicamentos; poco a poco empecé a respirar mejor, a poder levantarme y a jugar, a ver con claridad.

3 meses después estaba muchísimo mejor; de los problemas respiratorios no me curaría del todo hasta otros dos meses después, pero me sentía tan a gusto y querido con papi y mis hermanos que era un gatito feliz.

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Desde entonces si pudiera estaría las 24 horas con papi; en casa estoy siempre junto a él, me siento en su regazo en el sofá y lo “amaso”, duermo acurrucado entre sus piernas y cuando trabaja desde casa estoy sentado siempre junto a su ordenador sin molestar.

Sé que los gatos tenemos fama de independientes pero eso es un falso mito; queremos a nuestros humanos lo que pasa que cada uno tenemos nuestra propia personalidad y demostramos nuestro cariño de formas diferentes.

Mi hermano pequeño Leopoldo atrapa los pies de papi cada vez que llega a casa y le trae sus juguetes para que juegue con él. Papi siempre juega con Leopoldo por lo menos 4 veces al día un ratito para demostrarle que está pendiente de todo lo que hace. Así evita que se aburra. Hace lo mismo con mis hermanas Olivia y Parita aunque ellas son más de estar con él en la terraza durmiendo bajo un rayo de sol.

Lo que quiero decirte es que dependemos emocionalmente de nuestros “dueños” y que tienes que aprender a entender a tu gato; te demostrará su cariño a su peculiar manera por lo que tienes que aceptarlo como es. Somos parte de tu familia y te consideramos como nuestro papi o mami.

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